EL CLAN FAMILIAR

A petición de mi buena amiga Edith Contreras hoy desarrollamos dentro de los usos y desusos el tema de la familia. ¿Quiere esto decir que la familia ya cayó en desuso? ¡Dios nos libre!; porque mientras la familia exista, la humanidad podrá sobrevivir. ¿Dónde más va a encontrar el niño protección, amor y cuidados para su desarrollo físico y espiritual? Lo que ha caído en desuso es el tipo de familia.

Antiguamente, la pareja se casaba llena de amor y con la ilusión de tener “todos los hijos que Dios nos quiera mandar…” Y cada año, un güerco; y cada año, un güerco “hasta que Dios quiera…” Y la familia se convertía en un clan, y en una tribu; y así fue como, mi abuela Isabel tuvo veintiún hijos y mi tío Félix quince. No era raro que la mayor parte de los niños de aquel tiempo anduviéramos descalzos y con la ropa con parches sobre parches. No juzgamos mal a los padres; no, simplemente eran ellos producto de otros tiempos.

A mediados de los años sesenta, un tema empezó a inquietar a la opinión pública: esto es, “la explosión demográfica”. Y por radio, televisión, prensa escrita y todo medio de publicidad, se empezó a bombardear a la población con esta cantaleta: “La familia pequeña, vive mejor…” “La familia pequeña, vive mejor…” Y se ponía en carteles y posters diez pares de pies pequeños alrededor de dos pares de pies adultos todos tapados con un solo sarape. El eslogan era un dicho popular: “¡No jalen, que descobijan…!” Una cancioncilla se oía en radio y TV, “Y si Adelita quisiera ser mi esposa/ y si Adelita ya fuera mi mujer/ le pediría tan sólo dos hijos/ para que juntos vivamos mejor”.

Y ¿qué cree? Pues que a tanto ametrallar a las parejas, la publicidad dio resultado; y con mil usos anticonceptivos -nuevos para la gente sencilla-, las familias que antes eran de un mínimo de siete hijos, empezaron a tener de a cinco, de a cuatro, de a tres, hasta llegar a dos… a uno… En los primeros años era un escándalo saber que alguien anduviera comprando anticonceptivos ¡y más si se era soltero! Y se pedían ante el mostrador de la botica hasta con pena. Ahora se anuncian abiertamente en todos los medios aunque los niños –almas siempre nuevas- se preguntan todavía qué es eso…

Total que los tiempos cambiaron. Pero ni los padres de hoy son mejores, ni los de antes eran unos irresponsables; no, porque un producto se juzga por su calidad. Los jóvenes producto de este tiempo, no son mejores que los jóvenes de los nuestros. Para dar calidad de vida a los hijos y hacer de ellos seres humanos de calidad, creo que fue mejor la vida antigua; cuando eran muchos, pero se tenía control de ellos. Ahora, la familia puede tener sólo dos hijos, pero si la calidad de vida fuera otra, no veríamos tanto pandillerismo, drogadicción, prostitución infantil y juvenil, matrimonios y embarazos prematuros, tantas almas perdidas; mientras los padres… ¡Bien, gracias…! ¿Cuál fue el beneficio?

El tiempo nos enseñó que para que la familia grande o chica viva mejor, se necesita sólo una pareja consciente de su responsabilidad ante cada vida que hizo venir al mundo. Y ahí, creo que muchos jóvenes y padres hemos salido reprobados.

Una felicitación a todas aquellas parejas que sin poses dictadas por la publicidad, han dedicado su vida a salvar vidas, ¡las vidas de sus hijos! Son ustedes héroes anónimos; son ustedes: el orgullo de México.