LOS DICHOS DE LOS VIEJITOS…

Es común que el joven cuestione el modo de pensar de sus mayores y sale con estas palabras ya muy oídas: “¡Eso era en sus tiempos! ¡Ahora las cosas son distintas! ¡Lo que pasa es que ya está chocheando!” -Viejas razones, porque cada generación las pronuncia como algo nuevo, sin saber que sus padres se lo dijeron a sus abuelos y sus hijos se lo van a decir también a ellos. Nada nuevo bajo el sol.

Pero el pensamiento de cada individuo evoluciona con los años; y un día, el joven verá cuán diferente es de aquél que tiene diez o quince años menos que él. A medida que pasa el tiempo se alejará del pensamiento de sus menores y poco a poco se irá identificando con el modo de pensar de sus mayores. La experiencia va enriqueciendo el razonamiento y descubrirá que cuando menos razones tenía para esgrimir, era cuando más hablaba y se dará cuenta que sus padres, en vez de indignarse con sus respuestas altaneras, en el fondo se reían y jugaban un poco con él al gato y al ratón. Le encontrará sentido a aquello que reza: “como te veo me vi y como me ves, te verás…” que significa, mejor dejar las cosas al tiempo, que lo que no aprendas de mis enseñanzas, lo aprenderás con los palos que te dé la vida.

Recordará lo que le decían, y descubrirá que tenían razón sus mayores. Que el hombre pasa por cuatro edades, la edad del cabrito, la del caballo, la del buey y la del chango. Cuando es niño, es un cabrito que se la pasa nada más brincoteando y dando topes. Cuando es joven, es un caballo brioso que solamente anhela correr libre por el campo de la existencia. Cuando está casado, ya entró a la edad del buey porque su vida ya solo será trabajar y trabajar. Finalmente, cuando es anciano, llegó a la edad del chango porque ya sólo sirve para estar rascándose en un rincón y divirtiendo con gracejadas a los nietos. O lo que es lo mismo, de joven, trapecista, equilibrista, domador, malabarista; y de viejo, payaso ya sólo trabajando al ras del suelo.

El hombre va descubriendo la vida paso a paso a lo largo de los años y va cayendo en la cuenta de que sólo nos da cuenta del camino, aquél que lo tiene andado. Que todo lo que empieza acaba, que ahorita: jarrito nuevo, jarrito nuevo, ¿dónde te pondré? Y al paso de los días, ¡tras! Se quebró el jarrito… Esto quiere decir que el amor mismo pasa por etapas: Que “hoy te duermen a besos, y mañana te despiertan a gritos” Cuando estás nuevo te sientan en un trono, en un altar; y cuando estás viejo, te sientan en un rincón donde no te vean las visitas.

¡Ah qué dura es la vida! ¡Cuánto aprendemos a tanto observar a la gente y sus reacciones ante el diario vivir! Pero hay que observar, hay que aprender en cabeza ajena para que podamos dar fe de un camino por el que ya transitamos. Por eso, aunque le duela a los que se enorgullecen de su juventud o de sus grados de estudio, no hay mejor sabiduría que la que obtienes en la vida.

Por eso, los antiguos decían, y no sé si usted estará de acuerdo…

“LOS DICHOS DE LOS VIEJITOS, SON EVANGELIOS CHIQUITOS…”