LOS VENDEDORES CALLEJEROS

No importa cuál es su edad, yo creo que todos nos acostumbramos al paso de vendedores ambulantes que, a pié o en automóvil, recorren las colonias de todas las ciudades anunciando por medio de un equipo de sonido remedios maravillosos, último descubrimiento de la ciencia y producido por laboratorios internacionales de gran prestigio. Todo un discurso de merolico para interesar a las amas de casa.

El viejo aceite de Malabar, tierra lejana y misteriosa del sur de La India que asoma al mar Arábigo, que llegados sus ingredientes desde lejanas tierras a los laboratorios californianos conocidos desde hace sesenta años o más como los “Laboratorios Mayo”, o en México “Laboratorios Azteca”. El aceite de malabar era y es, para frotarse en las articulaciones adoloridas por reumas y músculos que sufren de dolores por exceso de ejercicio. Luego, vino también a manera de té: El té de Malabar.

Ha habido otros productos populares, la mayoría preparados en laboratorios caseros. Ponemos como ejemplo: La pomada del Coyote, un producto que tiene como base el sebo de este animalito del monte que desde hace cientos de años le dan propiedades curativas en las articulaciones endurecidas por reumas y artritis. Recuerdo a mi abuela observando un baile de barrio en que un bailador se desplazaba por la pista en alegre polka casi sin doblar rodillas. Recuerdo que decía: “Ese necesita una untada de cebo de coyote en las corvas, pa’ que mueva bien las zancas”

Se anunció también la pomada de la Víbora, un cebo de víbora de cascabel que igual, servía para dar masaje a músculos y articulaciones adoloridas.

Vino a nuestras calles la pomada del Oso, que servía para detener la caída del cabello y combatir caspa y seborrea dando un brillo excepcional al cabello.

Nos asombraron al anunciarnos que el veneno de abeja mezclado en un ungüento de mayacol, mentol y alcanfor, cura todo dolor en las articulaciones. Y ahí iban voceando por todas las calles: “el ungüento Forapina, preparado milagroso con veneno de abejas…”

Uno de los remedios más sorprendentes ha sido uno llamado “Activador” que aplicado en las sienes, curaba el dolor de cabeza, frotado en articulaciones curaba dolores reumáticos, aplicado a los lados de la nariz curaba catarros nariz tapada y hasta sinusitis. Y se vendía profusamente, hasta que las madres de familia se dieron cuenta que era un engaño.

Preparados de azufre, yodo, árnica, gobernadora, tepezcohuite y sábila con presentación en pomada y en polvo para combatir los hongos y mal olor en los pies se ofrecen casa por casa.

Todos esos productos son muestra de la medicina tradicional que calle por calle y casa por casa se ofrece actualmente y desde que tengo memoria. Todos ellos ofrecidos charlatanamente en la necesidad de ganarse la vida, dejando a cambio en cada hogar la esperanza de salud que a veces se da, a veces no, y sólo queda la esperanza en un frasquito de diez pesos.

Y a usted, estimado radioescucha: ¿Qué pomada o pastilla milagrosa le han ofrecido últimamente?