LA SANGRE DE TORTUGA

Desde que era niño observé varios remedios caseros que contra diversas enfermedades aplicaron las amas de casa, ante la falta de recursos para comprar medicinas.

Uno de los que más me impresionaron fue el degollar una tortuga del monte, para untar su sangre por toda la espalda de un tuberculoso porque, supuestamente, la sangre penetraba bajo la piel y se integraba a la sangre del enfermo para curar su mal. Así pues, el enfermo quedaba convertido en un Nazareno, todo bañado en sangre; y así se debía quedar hasta que se secara y sólo hasta varias horas después podía bañarse.

Cuando una repentina visita llegaba a casa, ¡ya nos podemos imaginar el susto que se llevaban!

Tiempo después, el enfermo empeoraba hasta que un día, sacaban su ropa, sábanas, colchón y almohada al monte, para quemarlas; eso era la señal que tras docenas de tortugas sacrificadas, el enfermo de todos modos había muerto.

La medicina nativa, igual que la homeopatía o la alopatía, no siempre rinde los resultados esperados pues el medicamento; después de todo, no es más que un intento, que a veces no queda mas que en eso: un intento, y nada más... Y en el intento de curar de este modo la tuberculosis, tal vez nadie se salvó; pero a lo largo de los siglos de esta práctica, miles de tortugas fueron desapareciendo de nuestro mundo. Todo sea en el nombre de una creencia y la falta de recursos...

Y usted, si algún día tiene tuberculosis, mejor: consulte a su médico.