LA SANTA MUERTE

La imaginación popular crea deidades, entes protectores o monstruos amenazantes. Tal es el caso de la Santa Muerte.

Platicando con unas amigas mías, me plateaban toda la superstición oscura y leyenda negra que se teje alrededor de la también llamada “Niña Blanca”. Yo, que no soy ningún especialista en el tema, ninguna observación podía hacerles y sólo tomaba nota de las cosas que la gente cuenta:

La gente dice que la Santa Muerte es un ángel vengativo y una vez que le manifiestan su fe; ya no pueden salirse de la lista de adeptos al Ángel Negro.

Que es muy milagroso; pero no acepta plazos para cumplir con los milagros que se le piden y si alguien desespera y reniega de ella, puede sufrir el castigo fatal del Ángel de la Muerte.

Si alguien agrede sus imágenes irremediablemente le espera una gran desgracia, incluso cuentan historias; por ejemplo, una joven que le pidió varias cosas y como al paso de los días no se le concedía nada, fue a la capilla al Oriente de Ciudad Anáhuac, Nuevo León, el norteño estado mexicano, y pateó la reja que protege el altar y quebró todas las veladoras que tuvo al alcance de su mano. Acto seguido, entre gritos y maldiciones salió rayando llantas bañando de tierra la capilla. Ese mismo día, la muchacha se estrelló y quedó paralítica.

Una de las cosas que más asombran a quien recabe datos de esta creencia, es el oír que la Santa Muerte se les aparece materialmente, o sea personalmente. No es común escuchar que el santo de su devoción ande por allí de casa en casa; por eso es de asombrarse.

La Santa Muerte anda en boca de habitantes de todos los pueblos de este país. Su imagen se vende exhibiéndose por los anaqueles de todos los mercados populares; a veces en bulto, a veces en cuadro, a veces en veladora. Sobre su culto se han publicado toneladas de literatura en libros y revistas. Al Ángel de la Muerte se le teme, se la venera, se le ignora, se le ve de lejos; y usted: ¿en cuál grupo se encuentra?