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PAJAROS DE APOCALIPSIS

Hay una historia que mucha gente del campo y la ciudad cuenta con cierto aire de esperanzada incredulidad: “Ojalá no sea cierto...” Es un fenómeno de alcance regional porque su fama corre de Villaldama a Nuevo Laredo. Personas muy serias y hasta con grados académicos aseguran, muy a su pesar, haber sido testigos de esta increíble verdad.

1.- Era el año de 1968 y en lo que hoy es la colonia Valle del Sol, en Sabinas Hidalgo, había un caserío suburbano, semi - rural, rodeado de huertos donde se cultivaba el aguacate, la nuez, legumbres y algunos forrajes como la alfalfa y cebada. Esa periferia, construida de sillar y adobe, albergaba familias sencillas y laboriosas que ocupadas en los trabajos del campo, llevaban una vida apacible y feliz.

Don Jesús salió por la noche a trabajar en un rancho vecino, dejando casa y prole al amoroso cuidado de María Luisa, su esposa. La mujer se ocupó de los quehaceres finales, ancestral rutina de una madre que culminaba con el acomodar en cama a cada uno de sus pequeños. Eran las diez de la noche y ya la buena mujer se preparaba para dar Gracias y cerrar los ojos en la esperanza de ver el nuevo día.

Un leve ruido tras la puerta, la hizo suspender todo movimiento; luego, unos golpes enérgicos sacudieron las gruesas tablas de encino. Asustada por lo agresivo de la llamada, solo acertó a gritar titubeante: -“¿Quién...?” -pero un tétrico silencio fue la única respuesta. La puerta fue golpeada nuevamente y al inquirir otra vez sin obtener respuesta, la zozobra se apoderó de su ánimo. No halló más recurso que una oración rebosada en lágrimas mientras los golpes y un sordo rastreo de pesados pies persistían tras la puerta. Los niños dejaron sus camas y buscaron protección en torno a la madre; esperando que en cualquier momento la puerta fuera arrancada del marco. Entre rezos y llanto callado los minutos pasaron hasta que ruidos y golpes fueron menos frecuentes y el silencio volvió a dar tranquilidad a la familia.

Como sea, largo fue el desvelo de aquella madre en vigilia que, cual celoso centinela, hizo guardia durante horas para proteger a sus críos de la amenaza desconocida. Por fin, convencida de la fuerza de sus oraciones, dejó a Dios la custodia de su hogar y se dejó conducir por el cansancio hacia un sueño profundo abrazada a sus hijos.

La bella mañana sabinense apareció como niña rubia por entre los huertos, iluminando con su presencia el caserío y despertando a los vecinos para darles la buena nueva de un día más para vivirlo en paz y amor. Doña María Luisa se desperezó y el repentino recuerdo de la noche anterior la sacudió. Se levantó y abrió la puerta para que la luz del sol ahuyentara las últimas sombras que el miedo dejó por los rincones. Un grito de espanto hizo que los vecinos dejaran presurosos casas y sembrados para acudir al auxilio. Se congregaron junto a la llorosa mujer y contemplaron asombrados aquello frente a la puerta: Era un excremento de más de un metro de diámetro y de origen desconocido. Su extraña consistencia era muy líquida y pastosa; de color y contenido indefinibles. Era la prueba del paso de un inexplicable ser que dejó su constancia y se perdió otra vez en el misterio de la noche.

Algunos conjeturaron que era excremento de ave; pero..., ¿de qué tamaño tendría que ser...?

2.- Otros muchos hechos relacionados con el mismo tema se cuentan por el municipio de Anáhuac. Dicen que Juan y Fidel se preparaban para hacer un riego y detuvieron la vieja camioneta en un paraje ubicado por la brecha de La Catorce, entre el rancho de los Yoyos y el de Nato de la Garza. El flujo de agua llegaría por el canal como a las once de la noche y como eran apenas las nueve, estaban sobrados de tiempo. Entre comentarios y bromas iban bajando sin prisas las botas de hule, herramientas, lámparas y lonche. Todo iba bien y ya llegando el agua, nada podría detener aquella jornada de trabajo que los ocuparía unas doce horas.

Un sonido apagado, como el zumbar de un enjambre, los hizo levantar los ojos al cielo. Lo que vieron los dejó mudos de asombro y tuvieron que mirarse mutuamente para confirmar que aquello no era un espejismo. Dos enormes pájaros planeaban sobre los cubrevientos. Sus negras figuras se recortaban bajo las estrellas con unos seis metros de punta a punta de las alas. Quedaron paralizados de miedo, mirando por largos segundos aquella visión que superaba todas las fantasías; hasta que uno de ellos reaccionó y arrastró al otro a la camioneta para huir del lugar abandonando herramientas y cuanto habían bajado del mueble

Creyeron inédita su historia, pero se dieron cuenta que era una trama ya vieja; pues las versiones sobre pájaros gigantescos son muy antiguas por esta tierra.

3.- Armando Macías regresaba a casa. En su camioneta rodeaba la plaza Rosita. Eran cerca de las dos de la madrugada y al doblar por la calle De las Flores, algo llamó su atención. Levantó la mirada al poste de la esquina y tuvo que detener la marcha para asegurarse que era cierto lo que sus ojos veían: Un pájaro gigante recortaba su silueta tenuemente iluminada al resplandor de los arbotantes y la luz de la luna. Sólo estaba ahí, parado; inexplicable y terrífico. No quiso ver más. Clavó el acelerador y partió ansioso de llegar a casa.

Al estacionarse frente a la puerta, bajó presuroso y buscó en el cielo alguna confirmación de aquella visión. Ahí estaba... Planeaba sobre la casa. Lo había seguido hasta allí. Entró rápido y fue recibido por su esposa, quien le preguntó qué sucedía al verlo actuar diferente. La acercó a la puerta y la hizo ver al cielo. Ella cerró la puerta y no quiso saber más. Pensó en una posible amenaza para sus hijos y aguardaron expectantes, pero ya nada sucedió. Analizaban juntos el hecho y era imposible negar lo sucedido.

4.- A principios de los ochentas un profesor regresaba de madrugada hacia Monterrey; después de cumplir una comisión sindical en Lampazos. Antes del entronque a Candela, con la luz larga descubrió algo parado sobre la carretera. Pensó que sería un hombre pero paulatinamente la forma humana fue descartada y se dio cuenta que tampoco era ningún tipo de cuadrúpedo. Parecía una gran ave. Se acercaba peligrosamente. Pensó que era inminente el choque pero prefería atropellar aquello que perder el control del carro al salirse de la carretera. De pronto, el animal desplegó unas alas enormes, que cubrían el ancho de la cinta asfáltica y se elevó lenta, majestuosamente; dejando al profesor perplejo y conmovido. Tuvo que aminorar la velocidad para controlar el repentino nerviosismo que lo invadió y continuó su viaje con una historia que nadie creería.

Varios han sido los avistamientos que la gente cuenta por esta región; pero son encuentros nocturnos y pocos pueden describir a estos animales. Se dice que habitan por la sierra de Candela; que por los barrancos del río Salado; que se les ve atravesar por el Bravo entre Colombia y Nuevo Laredo; en fin. Hay una versión de quien lo vio frente a frente y puede hacer una descripción del colosal plumífero.

5.- Era el año de 1967. A las ocho y media de la noche la entonces pequeña ciudad de Nuevo Laredo aún estaba en pleno movimiento; pero la familia Rentería ya estaba toda en casa cuando vivían por Héroe de Nacataz, entre Justo Sierra y Bocanegra. Dicha área era por entones casi un suburbio, pues tras la casa, al lado norte, había un enorme baldío ya cerca del río. Don Santos reposaba con un café entre las manos mientras esperaba la hora de ir a la cama. Su esposa, doña Elena, recogía los platos de la mesa mientras los niños veían el último programa en la televisión. Era un rutinario fin de jornada.

La puerta fue sacudida por unos fuertes golpes. Parecía que alguien intentara derribarla a puntapiés. Don Santos gritó con energía y decisión: _ “¿Quién es...?” -pero nadie contestó. Inmediatamente, otros golpes en las láminas como si fueran a arrancar el techo; y otros golpes casi metálicos en la puerta. La familia buscó protección junto al hombre de la casa, quien pensó en los viciosos que a veces merodeaban por ahí. Sin pensarlo más, cogió el cuchillo de la cocina y ordenó a todos que nadie se asomara. Tomó por la puerta lateral y con sigilo se acercó a la esquina que da al patio trasero. Agarró aire para ganar valor y dobló hacia donde estaban todavía golpeando la puerta. Quienes fueran sabrían que un hombre es invencible cuando de proteger el hogar se trata. En una rápida ojeada descubrió al enemigo y quedó atónito...

Un pájaro de horrenda estatura estaba frente a él. Medía más de uno sesenta de alto y ni imaginarlo con las alas desplegadas. Su plumaje era café como el de un gorrión chilero; su cabeza redonda como la de una lechuza; los ojos al frente y el pico corvo. Pensó que si era aquello un ave carnicera no tendría ninguna posibilidad frente a ella. Quedó sin saber qué hacer; con el cuerpo tembloroso y el cuchillo derritiéndose entre sus dedos. Era aquella bestia un asomo a mundos primitivos, su mirada era inexpresiva y reptilezca; sin embargo, parecía observarlo con curiosidad, sin un asomo de agresividad. La mutua observación pareció un instante eterno. Hasta que al fin, el émulo del ave Roc dio un brinco y puso frente al norte. Hechizado de miedo la vio dar cinco o seis aparatosos saltos y pesadamente tomó el aire con aquellas alas que bien podrían cargar un ser humano.

La familia lo vio entrar tembloroso y pálido. Contó aún lleno de pavor el horrible encuentro que ya jamás olvidaría y en la puerta de aquella casa de la colonia Guerrero quedaron como marcados a zapapico los golpes del pájaro misterioso.

Hoy todavía, los múltiples testigos de la existencia de estas aves, no pueden ni podrán olvidar la traumática experiencia. Mientras tanto, a veces se encuentra por el monte algún animal doméstico o salvaje destrozado y resulta más concebible culpar al depredador común que llegar a aceptar que fue un apocalíptico pájaro gigante. Así, la leyenda continúa y crece en sus versiones desde el tiempo de nuestros abuelos. A nosotros, solo nos queda mostrar la magia que el relato encierra y dejar la razón flotando entre la realidad y la fantasía.

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